Eficacia y eficiencia en actividad física

¿Cómo mejorar la eficacia y eficiencia de los procesos, en el mundo de la actividad física en concreto, y en la sociedad en general?

Siguiendo el hilo del anterior post, os planteo una cuestión que muchas veces ronda mi cabeza: ¿cómo mejorar la eficacia y eficiencia de los procesos, en el mundo de la actividad física en concreto, y en la sociedad en general?

Me fijo a menudo, en muchas cosas que veo, que nuestras acciones son reactivas: hasta que algo no sucede, no podemos nuestro empeño en atajarlo o solucionarlo. Me explico con este ejemplo: tengo una pequeña molestia en la zona lumbar. Pienso que me vendría bien llamar a un fisioterapeuta para tratarlo, pero como es una molestia pequeña lo voy dejando. Días después, me bajo a coger una bolsa del suelo y cuando quiero levantarme me quedo clavado. Ahora que si tengo un problema grave, llamo al fisio. Consecuencia: he pasado de necesitar una sesión para aliviar la zona, a tener que coger dos semanas de baja y seis sesiones de fisioterapia (haz cuentas y calcula el gasto), la primera semana dormir ha sido una odisea porque cada vuelta en cama es como si te clavaran un puñal. Además me han mandado reposo, pero si estoy más de 5 minutos sentado el dolor se vuelve insoportable, y me paso todo el día cambiando de posición.

Seguro que se os ocurren muchos ejemplos en otros ámbitos, porque es el modo en el que solemos actuar: reaccionamos cuando algo ya está mal. Cuando, es su lugar, lo ideal sería valorar y anticipar la acción, cuando todavía estamos en una situación donde ésta será más cómoda y económica de realizar, a nivel de recursos y tiempo, disminuyendo así las complicaciones derivadas de dejar pasar la actuación hasta que esta sea inevitable… Y esto es lo hablábamos en el anterior post: ser proactivos.

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Y si tiene tantas ventajas, ¿por qué no lo hacemos? Yo identifico varias razones. En primer lugar porque requiere de previsión. Esto quiere decir que debemos mantener aquellas situaciones que queremos prever bajo un control periódico de acuerdo a un plan previo de actuación, lo que requiere tiempo y atención por nuestra parte. En segundo lugar, porque no todas las situaciones requerirán estas acciones proactivas. Por ejemplo, en el caso de la molestia de espalda, es posible que la dejes estar, no la trates y a los pocos días el dolor vaya remitiendo solo. Adiós problema, sin hacer nada. Y en tercer lugar, porque a veces los modelos de prevención no funcionan como teníamos pensado, y eso conlleva que todo el trabajo hecho no ha tenido efecto. Como cuando el meteorólogo te dice que este sábado tendremos sol y 30 grados y cuando llegas a la playa se pone a llover. A todos nos ha pasado, ¿verdad?

Entonces, esto de ser proactivo no parece tan buena idea. Lo cierto es que, a corto plazo, a veces es así. Pero esta afirmación no sirve cuando hablamos del largo plazo. Estos mecanismos de prevención, aplicados de forma sistemática a lo largo del tiempo, implicarán una disminución significativa en aquel problema que se pretende controlar o acotar. Porque al final, normalmente cuando dicen que va a hacer sol aciertan, y puedes disfrutar de un buen día de playa (aunque lo cierto es que nuestro subconsciente tiende a recordar el día que se equivocan y llueve, obviando los aciertos en la previsión de los 7 días anteriores…).

Aplicado al campo del ejercicio físico y la salud, esto tendría ventajas en nuestra economía. ¿Podríamos disminuir el gasto en sanidad si incluyéramos el ejercicio físico como prevención a muchas patologías y enfermedades antes de que se desarrollen? Un estudio llamado «Actividad física y prevalencia de patologías en la población española», realizado por el Departamento de Deporte y Salud de la Agencia Española de Protección de la Salud en el Deporte así lo afirma, estimando un impacto de unos 5.000 millones de euros al año en España. Eso es mucha pasta, ¿verdad?

actividad física

A la espera de que las altas esferas se quieran dar por enteradas de todos estos beneficios, seamos proactivos para esto también y empecemos a aplicarnos el cuento. “El cambio empieza por uno mismo”, decía Gandhi. Así conseguirás no tener molestias de espalda si sales a correr, o que ese dolor en la inserción del isquiotibial que algún año notas al empezar la pretemporada no te de la lata. Siendo proactivo mantendrás tus niveles de colesterol o de azúcar en sangre en niveles razonables, y eliminarás factores de riesgo que influyen en las enfermedades cardiovasculares o cáncer, entre otras. Dispondrás de una vía de escape en esos momentos del año de más carga de trabajo, lo que te permitirá manejar tus niveles de estrés. Y tendrás la excusa perfecta para salir de casa y compartir tu tiempo libre con amigos, tu pareja, tus hijos…

Puedes dejar tus impresiones acerca del tema con un comentario, así que anímate a participar. Os espero!

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