Del homo erectus al humano encorvado

Cómo incidir en una buena postura corporal

Tras miles de años de evolución de la especie, la anatomía humana ha sufrido grandes cambios derivados del paso de la posición cuadrúpeda a la posición bípeda a través de alteraciones anatómico-fisiológicas de manera paulatina. A medida que nuestra civilización avanza y cambia, introduce novedades tecnológicas que provocan en nuestro cuerpo adaptaciones, manifestadas mediante variaciones de la actitud corporal.

Es la era de la involución del humano erecto al humano encorvado. A través de actitudes corporales incorrectas, derivadas de malos hábitos posturales diarios, provocamos descompensaciones corporales que limitan la amplitud de movimiento de nuestras articulaciones y nos causan dolor. Esta rigidez, unida a una cada vez más pobre conciencia del esquema corporal propio (por ejemplo, ¿eres consciente cómo sitúas tus escápulas u hombros mientras trabajas de cara al ordenador, o en qué posición está tu pelvis cuando caminas?) no hace sino agravar el problema. Y un último punto que, en mi opinión, se antoja clave: nuestros sedentarios músculos posturales están débiles. Infrautilizados. Y de esta forma facilitan la adquisición de posturas incorrectas.

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Si mi trabajo me obliga a mantener posturas o acciones repetidas, 8 horas al día, es importante conocer las diferencias entre una postura correcta y una incorrecta. Un buen esquema corporal es básico, y debemos educarnos en adquirirlo. Identificar la posición de zonas clave, como pelvis, situación de las curvaturas vertebrales (lordosis lumbar, cifosis dorsal, lordosis cervical), situación del complejo escápulo- humeral (articulación del hombro)… Mediante esta educación de nuestro esquema corporal debemos aprender a identificar y sentir los músculos que mantienen nuestra pelvis neutra, la espalda erguida, las escápulas conectadas hacia la columna, o el cuello alineado. Es un trabajo que implica una intervención consciente en sus primeras fases, como punto de partida mediante el que nuestro organismo irá identificando como propios estos nuevos patrones posturales, regulándolos de manera refleja. De la misma manera que no necesitamos pensar en los músculos que contraemos o relajamos para andar, ya que son patrones que nuestro sistema nervioso acciona mediante mecanismos reflejos, aprendidos a base de practicar, caernos y levantarnos en nuestra primera infancia, provocando numerosos dolores de espalda en nuestros sacrificados progenitores.

Citando a Olarua, Parra y Balius (2006) “el desequilibrio postural puede provocar contracciones musculares compensatorias que alteran la biomecánica corporal y producen cambios degenerativos precoces y lesiones de sobrecarga”.  Un buen protocolo para identificar estos cambios debe tener en cuenta a la totalidad del cuerpo, ya que un desequilibrio en una zona puede provocar compensaciones en otras articulaciones. Muchos autores resaltan la importancia de la estabilidad de la región lumbo- pélvica, como centro de todo el trabajo de compensación postural.

Es un buen punto de partida. Sabemos que la región lumbo- pélvica es crucial en la transferencia de fuerzas entre los miembros superiores e inferiores, y que la zona lumbar es una zona de particular inestabilidad ante el desequilibrio postural y artro-muscular. El desequilibrio en este complejo es capaz de alterar la postura en regiones corporales por encima y debajo de la pelvis. Entonces, ser conscientes de la correcta alineación pélvica y mantener la musculatura que se relaciona con ella compensada y fuerte facilitará el trabajo en otras zonas del cuerpo.

plancha lateral

Entonces, la selección de ejercicios concretos la haremos en base a un desequilibrio en particular, y en la evolución que experimente durante el proceso de readaptación. No existe una fórmula universal, por lo que aunque trabajemos con protocolos de ejercicios específicos para una lesión deberemos adaptarlos a la realidad concreta de la persona a tratar.

Pero si yo no tengo ninguna molestia, esto no es para mí. ¿O sí? Si me preguntas a mí, te diré que esto es para todos, siempre hay razones para empezar a cuidarse ejercitando tu cuerpo. Identifica los vicios posturales que mantienes en tus hábitos diarios, e incluye en tu día a día rutinas de actividad física saludable que te motiven. Trabaja tu musculatura de forma global, incidiendo en aquellas zonas clave que compensen los desequilibrios identificados. Empieza por cosas sencillas y con una frecuencia que puedas asumir, de nada sirve empezar con 4 o 5 días a la semana, si al mes vas a estar quemad@ y vas a plantar el programa. Cuando sientas los beneficios de la actividad, obtendrás la mayor razón para continuar.

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