El lado oscuro del ejercicio

Actualmente, vivimos en un tiempo en el que se percibe una cada vez mayor aceptación del ejercicio como forma de mejorar nuestra calidad de vida. Parece que ya no navegamos con el aire en contra, sino que el vendaval se está calmando y los profesionales del sector empiezan a juntarse para soplar a favor, buscando ese lugar de importancia que sin duda  el sector merece, y que cada vez más educadores físicos intentan conseguir por medio de un trabajo y formación riguroso y actualizado.

Pero estas corrientes arrastran también factores negativos, que pasan desapercibidos en muchos casos y no son percibidos por la amplia mayoría de usuarios y consumidores de actividad física. Y es que el ejercicio no siempre es bueno, y puede provocar problemas si no se administra adecuadamente. Es por esto que la presencia de “entrenadores” sin titulación puede dar lugar a una percepción negativa de las bondades del ejercicio. Es muy difícil no cometer fallos a la hora de abordar una planificación de entrenamientos aun siendo titulado, cuánta más razón para no ponernos en manos de personas que quieren acceder al mercado laboral con un curso de 4 fines de semana. Hasta el más experimentado entrenador tendrá que modificar con diferentes ajustes lo que tenía previsto de antemano, porque esto no es una ciencia exacta. Al contrario, el buen profesional demuestra, partiendo de unos cimientos basados en la evidencia, una gran capacidad de análisis, retroalimentación y adecuación de los diferentes parámetros a trabajar a la realidad de la persona en concreto a la que se dirige el proceso.

entrenamiento

Vamos a poner como ejemplo, en clave friki, a una serie de culto para los nacidos en la década de los 80:  Dragon Ball Z, con Goku y su tropa salvando el mundo, invocando al dragón salido de las 7 bolas mágicas. Tal vez habrá gente que no entienda el ejemplo por desconocimiento de la serie (algo impensable desde mi punto de vista), pero siempre nos quedará Youtube para que sepáis de qué hablo. Pues bien, las bolas mágicas del dragón (el ejercicio) en manos de Goku y sus amigos (el bando de los profesionales de la educación física) conseguían mejorar el mundo y vencer a los malos. Incluso podían reconstruir el planeta y resucitar a gente. Pero claro, siempre podían caer en manos de los malos (intrusismo profesional, gente sin formación o incluso uno mismo aplicándose entrenamientos avanzados a los que el cuerpo no está adaptado), que usarían ese poder para hacer el mal, dominar y destruir a la gente.

Después de esta educativa parábola, viene la moraleja, que contiene toda la sabiduría del ejemplo concentrada en unas pocas palabras: el beneficio no está en el ejercicio, sino en cómo se aplica. Qué contenidos debemos incluir, en qué dosis e intensidad, contando períodos de recuperación y, a ser posible, rodeándolo todo de una nutrición adaptada a las necesidades. Porque no todo vale, ya no para conseguir nuestros objetivos, sino para evitar lesiones y daños que no harán más que distanciarnos de nuestro objetivo, dificultar la adopción de hábitos saludables y, lo más importante, impedirnos disfrutar de nuestra motricidad.

Como ejemplos, podríamos citar diferentes peligros: desde una simple rotura de fibras, podríamos hablar de fisuras y fracturas por estrés, problemas de musculatura lumbar o cervical por manejar cargas excesivas, patologías discales al no conocer la técnica correcta de ejecución, tendinitis varias, periosititis… O si vamos un paso más allá, episodios de hiper o hipotensión, dificultades para manejar el índice glucémico, problemas derivados de patologías cardiovasculares como infartos, anginas o ictus, golpes de calor por una mala hidratación y termoregulación… Y en los casos más graves, la muerte (casos, entre otros muchos, como una reunión de antiguos jugadores, donde la fiesta se suele juntar con una actividad intensa que la persona sedentaria ya no está habituada a realizar, por desgracia son situaciones que se siguen repitiendo y todos los años vemos).

Mi intención con este post es recalcar que la actividad física es un gran aliado de nuestra salud, pero siempre utilizado de una forma racional, dentro de unos límites adecuados y con una supervisión cercana de un profesional con la suficiente formación en el tema, como lo es el licenciado/graduado CAFYDE, siempre actuando de acuerdo a las recomendaciones de médicos y especialistas sanitarios. No es la panacea, y mucho menos realizado sin un control, razón mucho más importante si tenemos algún tipo de enfermedad o lesión que nos obligue a una vigilancia mucho más cercana.

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