Cáncer y actividad física (I)

El cáncer es una de las enfermedades de mayor relevancia en el mundo por su incidencia, prevalencia y mortalidad. Según datos de  la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) el cáncer es la primera causa de muerte en hombres y la segunda en mujeres en España. La evolución de las técnicas de detección precoz han producido un aumento del diagnóstico de estos tumores, muchos de los cuales se pueden prevenir (hasta 4 de cada 10 según la SEOM) con hábitos de vida saludables, entre los que se incluye la actividad física.

La actividad física regular reduce el riesgo de padecer algunos tipos de cáncer, por ejemplo, el de colon, que ha sido el tipo de cáncer más frecuente (15% de los casos) en 2017 según la SEOM . Además, una prescripción adecuada de ejercicio físico produce beneficios importantes en las personas que padecen la enfermedad, tanto durante como después del tratamiento, a nivel físico, psicológico y social.

Para contextualizar brevemente la enfermedad, veremos alguna de sus características. Todos los tumores, benignos y malignos, tienen dos componentes básicos en su estructura:

  1. Las células neoplásicas proliferantes, es decir, las células que forman el tumor propiamente dicho, que constituyen el parénquima.
  2. El estroma de sostén, constituido por tejido conectivo y vasos sanguíneos. Se trata de tejidos no tumorales cuya formación ha sido inducida por el propio tumor.

Según el comportamiento de los tumores tendremos:

  1. Tumores benignos. Según el origen del tejido del que procedan los tumores benignos, se distinguen: fibroma (tejido conjuntivo fibroso), lipoma (tejido adiposo), osteoma (tejido óseo), nevus (melanocitos)…
  1. Tumores malignos o cáncer: sarcomas (derivan de los tejidos mensenquimatosos), carcinomas (de origen epitelial), gliomas (tejido nervioso), o linfomas y las leucemias (origen hematológico).

Existen muchos factores de riesgo que precipitan la aparición de cáncer o predisponen a ella. El principal es la edad. Otros factores de riesgo son el tabaquismo, la dieta, el sedentarismo, la exposición solar y otros estilos de vida. Sea como fuera, no es posible pensar en el cáncer como una enfermedad de causa única, sino más bien como el resultado final de una interacción de múltiples factores, entre los cuales se incluyen el medio ambiente, los hábitos alimenticios, la herencia genética, etc.

Los tres tratamientos principales para combatir el cáncer son la cirugía, la radioterapia y la terapia sistémica (quimioterapia). De un modo resumido:

La cirugía es la opción más antigua y más utilizada, siendo la opción preferente cuando los tumores están localizados.

La radioterapia trata la enfermedad utilizando radiaciones ionizantes. Se considera un tratamiento local o regional cuyo objetivo es radiar el tumor, intentando salvaguardar al tejido sano circundante. Esta radiación se aplica en dosis pequeñas y repetidas a lo largo de un periodo de tiempo para “matar” a las células del tumor sin afectar a las células sanas. Aunque las células tumorales son más radiosensibles, siempre se produce alguna toxicidad sobre las células normales.

La quimioterapia es útil en casos en que las células cancerosas tienen tendencia a invadir otros tejidos y a producir metástasis a distancia del tumor original. Es la opción de tratamiento principal en los cánceres que no tienen una localización definida. Requiere la combinación de varios fármacos que se administran en ciclos.

carrera1

Las personas con cáncer sufren deterioros y alteraciones en los ámbitos físico, psicológico y social, debidos a la enfermedad y su tratamiento. Aquí es donde entran en juego una serie de tratamientos coadyuvantes que ayudan a mejorar el proceso, entre los que se encontraría la actividad física. El tratamiento contra el cáncer provoca alteraciones fisiológicas en muchos órganos y sistemas. El principal síntoma, tanto de la enfermedad como de la toxicidad del tratamiento, es la fatiga general que tiene el sujeto cada día.

A nivel cardiovascular, se producen daños generados por las respuestas inflamatorias provocadas por el aumento de la histamina. La radioterapia puede provocar pericarditis (en los casos de radiación torácica) y problemas de conducción cardíaca. La quimioterapia puede provocar cardiomiopatías y diversas arritmias. A nivel hematológico son muy frecuentes las anemias, aumentando de este modo el cansancio y la fatiga extrema.

A nivel musculoesquelético, se produce una pérdida de masa muscular, disminuyendo así la capacidad del músculo para generar fuerza. También se producen diversos desequilibrios musculares y disminuciones de los ángulos de movimiento.

Se puede afirmar que se ha acumulado suficiente evidencia sobre los beneficios del ejercicio en pacientes con cáncer, tanto durante como después del tratamiento:

  • Fatiga. El ejercicio puede mejorar la fatiga que sufren las personas con cáncer tras los tratamientos con quimioterapia y radioterapia (Winningham, 2001).
  • Capacidad aeróbica. Se ha visto que tras 10 semanas de entrenamiento, con 3 días a la semana de ejercicio en cicloergómetro, las mujeres en estadio II de cáncer de mama tratadas con quimioterapia mejoraban un 20,7% su capacidad aeróbica, mientras que las que no realizaban ejercicio disminuían su capacidad aeróbica en un 1,8%. (Winningham & MacVicar, 1988). El ejercicio aeróbico practicado tras la quimioterapia podría producir un aumento del rendimiento físico (Dimeo et al., 1996).
  • Fuerza muscular. Diversos estudios han visto que el ejercicio aumenta la fuerza muscular en pacientes con cáncer. Como hemos comentado, el tratamiento con quimioterapia puede llevar a una pérdida de la masa, la fuerza y la resistencia musculares. El ejercicio de fuerza aumenta la tensión muscular, la masa muscular y la síntesis de proteínas en el músculo (Buettner & Gavron, 1981).

Además, una rutina de ejercicio adaptado mejora la disminución de linfedema, ayuda a reducir las nauseas y el dolor, o mejora los patrones de sueño.

Algunas evidencias preliminares parecen indicar  que el ejercicio se asocia con mejores resultados en el cáncer de mama (Holmes, Chen, Feskanich, Kroenke, & Colditz, 2005; Pierce et al., 2007) y colorrectal (Meyerhardt, Giovannucci, et al., 2006; Meyerhardt, Heseltine, et al., 2006). En un estudio prospectivo de cohortes, se vio que los pacientes de cáncer colorrectal que realizaban más ejercicio tenían una reducción significativa en la recurrencia de la enfermedad y en la mortalidad general (Meyerhardt, Giovannucci, et al., 2006). En el caso del cáncer de mama, las mujeres físicamente activas tras el diagnóstico (caminaban una media de 3 a 5 horas semanales a un ritmo moderado) tenían un riesgo menor de muerte por causa de la enfermedad (Holmes et al., 2005).

Como vemos, hay opciones de mejorar la calidad de vida de personas con cáncer, ayudando a los tratamientos médicos y farmacológicos para la superación de la enfermedad.  En el siguiente post hablaremos sobre unas consideraciones generales de cómo aplicar prescripción de ejercicio en pacientes con cáncer, a través de la evidencia científica disponible.

Para consultar información o estudios relacionados con la enfermedad, recomiendo la web del Instituto Nacional del Cáncer (NCI), del gobierno de los Estados Unidos para la investigación de cáncer, que cuenta con una traducción al español de sus publicaciones. www.cancer.gov

  • Buettner, L., & Gavron, S. (1981). Personality changes and physiological effects of a personalizad fitness enrichment program for cancer patients. Third International Symposium on Adapted Physical Activity. New Orleans.
  • Dimeo, F., Bertz, H., Finde, J., Fetscher, R., Mertelsmann, R., & Keu, l J. (1996). An aerobic exercise program fot patients with haematological malignancies alter bone marrow transplantation. Bone Mar Trans, 18, 1157-1160.
  • Holmes, M. D., Chen, W. Y., Feskanich, D., Kroenke, C. H., & Colditz, G. A. (2005). Physical activity and survival after breast cancer diagnosis. JAMA : the journal of the American Medical Association, 293(20), 2479-86.
  • Meyerhardt, J. A., Giovannucci, E. L., Holmes, M. D., Chan, A. T., Chan, J. A., Colditz, G. A., & Fuchs, C. S. (2006). Physical activity and survival after colorectal cancer diagnosis. Journal of clinical oncology : official journal of the American Society of Clinical Oncology, 24(22), 3527-34.
  • Meyerhardt, J. A., Heseltine, D., Niedzwiecki, D., Hollis, D., Saltz, L. B., Mayer, R. J., Thomas, J., et al. (2006). Impact of physical activity on cancer recurrence and survival in patients with stage III colon cancer: findings from CALGB 89803. Journal of clinical oncology, 24(22), 3535-41.
  • Pierce, J. P., Stefanick, M. L., Flatt, S. W., Natarajan, L., Sternfeld, B., Madlensky, L., Al-Delaimy, W. K., et al. (2007). Greater survival after breast cancer in physically active women with high vegetable-fruit intake regardless of obesity. Journal of clinical oncology, 25(17), 2345-51.
  • Winningham, M. L. (2001). Strategies for managing cancer-related fatigue syndrome: a rehabilitation approach. Cancer, 92(4 Suppl), 988-97.
  • Winningham, M. L., & MacVicar, M. G. (1988). The effect of aerobic exercise on patient reports of nausea. Oncology nursing forum, 15(4), 447-50.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s