¿Quieres más neuronas? Haz ejercicio

Cuántas veces habré escuchado aquello de que nacemos con una cantidad determinada de neuronas, que inevitablemente irían reduciendo su número a lo largo de nuestra vida, con el consiguiente riesgo de padecer algún tipo de patología neurodegenerativa. Frases como “niño, no le des al balón de cabeza que  te vas a quedar tonto” (que teniendo en cuenta aquellos balones Mikasa, duros como rocas, con los que jugábamos, es una verdad como un templo), o “no le des en la cabeza, que está estudiando” (afortunadamente los castigos físicos han dejado de ser considerados una forma de educar), forman parte de la infancia de la mayoría de mi generación y las anteriores, lo que ilustra bastante bien la frase con la que abrimos este post.

Pues ayer mismo llegó a mis manos un artículo, publicado por Pilar Jericó en El País, y cuyo link os dejo aquí, sobre recientes hallazgos en el campo de la neurociencia que revelan que el cerebro humano es capaz de generar nuevas neuronas a lo largo de la vida, incluso en adultos. En regiones como el hipocampo se ha observado este fenómeno de neurogénesis. El hipocampo está situado en lo que se conoce como  sistema límbico, y está muy relacionado tanto con los procesos mentales relacionados con la memoria, como con aquellos que tienen que ver con la producción y regulación de estados emocionales, además de intervenir en la navegación espacial, es decir, el modo en el que nos imaginamos el movimiento a través de un espacio concreto.

Esta neurogénesis está desencadenada por un factor principal, que no es otro que el EJERCICIO. Con mayúsculas, en negrita y con todas las letras. El movimiento ya no representa sólo salud para nuestro cuerpo, sino que se está demostrando que influye positivamente en nuestra mente, generando neuronas y conexiones que mantengan nuestra memoria y recuerdos, que al fin y al cabo son parte vital de nuestra personalidad y forma de ser. La actividad física protege nuestro yo, todo aquello que fuimos, vivimos e hicimos. Todo en lo que se asienta lo que somos y, por supuesto, lo que seremos.

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Estos datos nos llevan a varias aplicaciones prácticas. Bajo mi punto de vista, la primera debería ser aumentar las horas de actividad física en los primeros años de vida. Una gran forma sería incrementando las horas de educación física en el horario escolar. Diversas investigaciones ya apuntan a que realizar unos minutos de ejercicio entre clases mejora la atención y concentración de los alumnos, lo que conlleva un mayor rendimiento escolar. Pero además contribuimos a crear hábitos deportivos, lo que implicará en el futuro adultos más activos y concienciados con su salud. Porque generar esos hábitos pasados los 30 se antoja mucho más complicado, ¿no creéis? Ya es hora de dejar de considerar la educación física como una “maría”, es difícil de entender el papel secundario al que la han relegado viendo todo lo positivo que nos puede ofrecer.

Otra aplicación importante es como parte del tratamiento para enfermedades neurodegenerativas, como Alzheimer y otras demencias, o Parkinson. A ser posible, prescribir ejercicio desde el primer momento para maximizar sus beneficios. En mi experiencia, ya he tenido algún caso con este tipo de pacientes, y he visto que el beneficio no es sólo físico, sino también psicológico. Mejora de la autoestima, reducción de estados depresivos, mejor desarrollo emotivo y social… En definitiva, más ganas de vivir y hacer cosas, además de contribuir al mantenimiento o desaceleración de los síntomas propios de la enfermedad.

Por supuesto, mi recomendación siempre es utilizar la actividad física como prevención, tal y como hablábamos en otro artículo: ser proactivos, ejecutar un plan antes de tener un problema. Hay factores que predisponen al desarrollo de enfermedades sobre los que no tenemos demasiado control (factores ambientales, como la polución en tu lugar de residencia, la exposición continua a ondas de radios de diversa frecuencia; predisposición genética, etc.). Por eso es importante que pongamos a nuestro favor aquellos puntos sobre los que podemos mejorar, como la alimentación, el ejercicio o el descanso. Nadie está libre de contraer una enfermedad, pero cuantas menos papeletas compres, más difícil será que te toque.

Por eso, es básico que este tipo de información pase del ámbito académico a la calle. Que sea de dominio público y que todo el mundo lo entienda. Que la gente conozca estos beneficios, que este tipo de contenidos alcancen una gran difusión. Que todos colaboremos compartiéndolos en nuestro entorno para conseguir un cambio real. Y lo más importante, que nos apliquemos el cuento. ¿Quieres más neuronas? Haz ejercicio!!

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